Tanto a Carmen Queralt como a mí, “La Aventura Formidable del Hombrecillo Indomable” (Traxler, 1979) nos marcó. Este autor e ilustrador checoslovaco combinó en aquel librito un ritmo trepidante (de texto y de ilustración) con un argumento tan coherente como descabellado. A mí me parecería una joya de la literatura del siglo XX si esa frase significara algo viniendo de mi, que no es el caso. El caso es que nos encantó y que hice un texto con ese esquema de golpes de efecto en cada página y un ánimo de juego narrativo.  Luego Carmen, como siempre con esmero y delicadeza y con ese mismo espíritu, puso las ilustraciones. El resultado es este librito humilde pero con burbujas suficientes para subirse a la cabeza y dejar una suave resaca.